Fractura húmero diafisiario
FRACTURA del HÚMERO DIAFISIARIO

La fractura húmero diafisario es la fractura de su porción media y más larga llamada diáfisis. El húmero corresponde al hueso del brazo, y en él se insertan los músculos deltoide, pectoral mayor, bíceps y tríceps braquial, los que determinan los patrones de desplazamiento del fragmento proximal y distal en la fractura diafisiaria (Fig 01).
En su cara posterior se encuentra el surco espiroídeo, por el cual desciende el nervio radial. Su función es inervar los músculos que realizan la supinación del antebrazo, extensión de muñeca y de los dedos. Debido a su cercanía, es más vulnerable a lesionarse, ya sea por el desplazamiento de la fractura o la manipulación durante el tratamiento quirúrgico. Por este motivo, es una estructura de riesgo que debe ser evaluada permanentemente (Fig 02).
Epidemiología
- Incidencia global: 13–20 por 100.000 personas/año
- Pico etario: Hombres 21–30 años (trauma de alta energía). Mujeres 60–80 años (caídas de baja energía)
- Mecanismo de lesión: Son comunes en accidentes de tránsito, caídas a nivel sobre brazo, traumatismo directo de alta energía
Síntomas comunes de la fractura húmero diafisiario
- Dolor intenso del brazo
- Deformidad visible (por la angulación en plano frontal y/o sagital)
- Edema (hinchazón) y equímosis
- Parestesia o déficit motor del nervio radial: manifestado por limitación para extender la muñeca o dedos
- Limitación de la movilidad de hombro y codo
– Edad avanzada: los huesos son más frágiles con el paso de los años.
– Osteoporosis: disminuye la densidad ósea y facilita la fractura de baja energía.
– Traumatismos de alta energía: accidentes de tránsito, caídas desde altura.
– Fracturas patológicas: hueso debilitado por tumores o metástasis que arriesga fracturarse con traumatismos leves.
– Tabaquismo: debilita la estructura ósea y retrasa la consolidación.
– Deporte o actividad de impacto: cargas directas o torsiones fuertes sobre el brazo.
Es principalmente clínico, basado en la historia (síntomas) y examen físico (signos). Los métodos de estudio más usados para complementarlo son:
– Radiografías: Las proyecciones básicas son la Anteroposterior (AP) y lateral del húmero, las que siempre deben incluir hombro y codo para descartar lesiones de estas articulaciones vecinas (Fig 03).
– Tomografía computarizada (TAC): En casos de fracturas multifragmentarias o segmentarias complejas, o donde los rayos iniciales muestran un rasgo de fractura no categórico que puede extenderse hacia el hombro o codo, y pueda verse amenazado la estabilidad del tipo de fijación elegido (Fig 04).
– Muy ocasionalmente, puede asociarse a una angiografía (angio TAC), ante pulsos ausentes al examen físico (vascular).
Tratamiento para la fractura húmero diafisiario
La decisión entre un tratamiento conservador o quirúrgico se basan en criterios clínicos y radiológicos. A considerar:
– Criterios clínicos absolutos de cirugía:
En contexto de un paciente politraumatizado, fractura expuesta, fractura en hueso patológico, lesión neurovascular asociada.
– Criterios radiográficos (Fig 05):
– Angulación frontal (varo/valgo) > 20°
– Angulación sagital (antecurvatum/recurvatum) > 20 °
– Acortamiento > 3 cm
TRATAMIENTO CONSERVADOR de la FRACTURA HUMERO DIAFISIARIO:
Consiste en el manejo no invasivo que busca la consolidación ósea mediante inmovilización, medicación y rehabilitación. Está indicado en aquellos pacientes que cumplan criterios clínicos y radiológicos no quirúrgicos.
– Inmovilizador de brazo:
- Yeso tipo valva en “U de Charnley”
Sistema de inmovilización de yeso abierto acolchado, tipo valva, con forma de U que inmoviliza todo el brazo, incluyendo hombro y codo. Se usa en los servicios de urgencia como manejo inicial en fracturas cerradas, permitiendo mayor estabilidad transitoria y analgesia, para luego ser reemplazado por un brace, si mantiene criterios no quirúrgicos, o cirugía, de haberse desplazado la fractura (Fig 06).
- Féula/brace de húmero:
Dispositivo de material termoplástico y cintas con velcro, que permiten su ajustabilidad, que inmoviliza y mantiene el alineamiento del brazo completo, en posición óptima para favorecer la formación de callo óseo. Como requisito, debe incluir la cara lateral del hombro, dejar libre el codo, para permitir su movilidad, y adicionarle un inmovilizador (Fig 07).
Se indica como manejo conservador definitivo, una vez ha disminuido la inflamación inicial del brazo, y debe ser usado por al menos tres meses.
Requiere de un control clínico y radiológico estricto, y en ocasiones, puede no ser bien tolerado, debiendo cambiarse a un tratamiento quirúrgico.
– Analgesia y/o antiinflamatorios no esteroidales:
Para lograr buena analgesia, se usan medicamentos y hielo local intermitente. Son claves en la primera fase de tratamiento.
– Medidas generales:
Reposo relativo al inicio, dormir semisentado con una almohada detrás del brazo, uso de ropa abotonada y cómoda para vestir, y la modificación estricta de la actividad bajo el nivel del hombro el primer mes.
– Kinesiterapia:
Consiste en ejercicios guiados para mejorar la movilidad de hombro y codo, y gradualmente fortalecer la musculatura. Se inicia luego del período de inmovilización con brace y su estricto control clínico y radiográfico seriado.
TRATAMIENTO QUIRÚRGICO de la FRACTURA HUMERO DIAFISIARIO:
Está indicado en casos que cumplen los criterios clínicos y/o radiográficos iniciales ya mencionados, o tras la falla del tratamiento conservador. Sin embargo, hay diferentes opciones, cuya elección se basa en variables como la edad del paciente, su calidad ósea, y la experiencia del cirujano:
REDUCCIÓN ABIERTA Y FIJACIÓN INTERNA (RAFI) CON PLACA Y TORNILLOS:
Es una intervención a cielo abierto que expone extensamente la fractura, para luego ser reducida (alineada) y fijada con una placa metálica (de acero o titanio) sobre la cortical del húmero con tornillos, estabilizando los fragmentos.
Tiene diferentes tipos de abordajes, siendo los más comunes por vía posterior (Fig 08 a-c), o anterior (Fig 09 a-c).
– Está indicado principalmente en: fracturas de rasgo simple o complejo, fracturas expuestas, fracturas con lesiones vasculares/nerviosas.
– Ventajas: su reducción anatómica precisa, y estabilidad muy rígida, que permiten una movilización temprana.
– Desventajas: incisión amplia; mayor dolor postoperatorio; riesgo de lesión del nervio radial (∼10%).
RAFI CON CLAVO ENDOMEDULAR (CEM):
Consiste en la colocación de un clavo largo de titanio dentro del canal medular del húmero mediante incisiones pequeñas, desde proximal a distal (anterógrado), para alinear la fractura internamente, y estabilizar sus fragmentos mediante tornillos que lo bloquean en forma percutánea, proximal y distal al rasgo de fractura principal (Fig 10 a-c).
– Está indicado en: fracturas transversas o tercio medio simples, segmentarias, huesos osteoporóticos, hueso patológico (por tumor), politraumatizado.
– Ventajas: se usan mínimas incisiones; preserva hematoma y aporte vascular (vitales en la consolidación secundaria); “load-sharing” favorece consolidación; menor riesgo de lesión del nervio radial.
– Desventajas: mayor dolor o rigidez en hombro (sitio de entrada del clavo endomedular); requiere fluoroscopía continua.
FIJACIÓN CON PLACA MÍNIMAMENTE INVASIVA (MIPO):
Es una técnica percutánea que, mediante dos incisiones pequeñas, desliza y fija una placa a lo largo de la cortical del húmero, sin necesidad de exponer totalmente la fractura ni dañar tantas partes blandas a su alrededor.
También tiene diferentes tipos de abordajes, siendo los más comunes por vía posterior (Fig 11 a-c), o anterior.
– Está indicado en: fracturas diafisarias multifragmentarias (conminutas) del tercio medio, o en aquellas oblícuas o espiroídeas simples, en pacientes jóvenes o activos.
– Ventajas: conserva periostio y hematoma de fractura (vitales en la consolidación secundaria); menos dolor debido al menor daño de partes blandas, y cicatrices pequeñas.
– Desventajas: requiere de experiencia y buen setup para la fluoroscopía intraoperatoria; tiene una estabilidad relativa menor que las otras técnicas, lo que puede retrasar ligeramente la consolidación.
La rehabilitación postoperatoria consiste en una inmovilización con cabestrillo durante 4 a 6 semanas. Luego de este período, se inicia una rehabilitación paulatina con ejercicios pasivos, y luego activos, a lo largo de los siguientes 2 meses.
La actividad bajo el nivel del hombro es relativamente precoz.
Se permite cargar objetos después de los 3 meses, y levantarlos sobre nivel de hombro después de 4 meses.
El reintegro a la actividad deportiva normalmente es alrededor de 5 meses después de la cirugía.







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